lunes, 19 de noviembre de 2012

Expedición al Blanc (III: Terreta Returns)

Hay una especie de extraña superstición en torno a los días lluviosos, nublados y grises. Parece que nada bueno pueda suceder, como una alegoría del desastre. Así amaneció el Domingo en Vilanova i la Geltrú, el Blanc Festival había concluido, nos había dejado una motivación desbordante, lo que se traducía en una ganas inmensas de llegar a casa, coger lápiz y papel y dejar volar la imaginación. Encima el día no acompañaba demasiado como para hacer turismo, así que dimos un rodeo rápido por el paseo marítimo y nos dispusimos a volver a tierras Valencianas. Pero, antes de coger la autopista que nos llevaría inevitablemente y rumbo directo a nuestro destino, decidimos que pararíamos a comer en algún pueblo o ciudad por el camino, lo que resultaba mucho más atractivo que acabar en un área de descanso, ¿no creéis?

Además la ruta era más interesante a través de estas carreteras, antaño más transitadas, y ahora relegadas a visitantes extraviados y aventureros con ganas de recorrer sus sinuosas curvas.


Decidimos que era hora de parar cuando nuestros estómagos empezaron a dar un recital, suplicándonos la ingesta de comida. Estábamos cerca de Tarragona, era un buen lugar para hacer algo de turismo, ver la ciudad, comer algo calentito y tomar un buen café.




Nada más llegar, buscando algún sitio donde aparcar y ver cosas interesantes, nos encontramos con un mercado de productos Catalanes a pie de calle. Capuccino, en esos instantes, no podía ser más feliz, aquello era su paraíso terrenal. Literalmente.

Nos dimos una vuelta, donde los tenderos nos ofrecían de todo- empanadas de todo tipo, embutido variado, dulces de todos los colores y productos artesanos-. Conseguimos mitigar un poco el apetito con 'pa de vidre' y unas pipas garrapiñadas que Macchiato no pudo evitar comprar.

Tras recorrer la rambla principal, maravillarnos con las vistas del mirador y descansar un poco decidimos que, ahora si, era hora de buscar un sitio donde comer, y tras relajarnos entre charlas, como no, tipográficas, decidimos que era hora de terminar nuestro viaje en coche, aún nos quedaban unas horitas por delante... Pero por una de esas casualidades del destino se interpuso en nuestro camino una maravillosa exposición de George Grosz, artista expresionista. Esta exposición nos mostraba su evolución temática y pictórica a través del tiempo. Grosz realiza un fiel retrato de la sociedad en el periodo de entre-guerras y deja muy clara su opinión acerca de ésta, como en la obra ''A oskar Panizza'':


"Por la noche, por una calle extraña, desfila una procesión de figuras deshumanizadas, sus caras convertidas en muecas elocuentes por el alcohol, la sífilis, la epidemia. Uno toca la trompeta, otro grita 'hurra'. La muerte cabalga sobre esta multitud, sobre un ataúd negro, representada por el símbolo directo de un esqueleto. Mis antepasados, los maestros medievales Brueghel y El Bosco, conocían muy bien esta imagen. Ellos también vivieron el crepúsculo de una época y supieron darle expresión.''


Y ahora si, a media tarde, partimos de Tarragona, aún nos quedaba una parada para estirar las piernas a medio camino, y unas cuantas horas intentando, por el bien del conductor, no dormirnos en el coche; pero haciendo balance de todo lo que vimos, y disfrutamos, nos valió mucho la pena.El próximo año, ¡más y mejor!





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