Además la ruta era más interesante a través de estas carreteras, antaño más transitadas, y ahora relegadas a visitantes extraviados y aventureros con ganas de recorrer sus sinuosas curvas.
Decidimos que era hora de parar cuando nuestros estómagos empezaron a dar un recital, suplicándonos la ingesta de comida. Estábamos cerca de Tarragona, era un buen lugar para hacer algo de turismo, ver la ciudad, comer algo calentito y tomar un buen café.
Nada más llegar, buscando algún sitio donde aparcar y ver cosas interesantes, nos encontramos con un mercado de productos Catalanes a pie de calle. Capuccino, en esos instantes, no podía ser más feliz, aquello era su paraíso terrenal. Literalmente.
Nos dimos una vuelta, donde los tenderos nos ofrecían de todo- empanadas de todo tipo, embutido variado, dulces de todos los colores y productos artesanos-. Conseguimos mitigar un poco el apetito con 'pa de vidre' y unas pipas garrapiñadas que Macchiato no pudo evitar comprar.
Tras recorrer la rambla principal, maravillarnos con las vistas del mirador y descansar un poco decidimos que, ahora si, era hora de buscar un sitio donde comer, y tras relajarnos entre charlas, como no, tipográficas, decidimos que era hora de terminar nuestro viaje en coche, aún nos quedaban unas horitas por delante... Pero por una de esas casualidades del destino se interpuso en nuestro camino una maravillosa exposición de George Grosz, artista expresionista. Esta exposición nos mostraba su evolución temática y pictórica a través del tiempo. Grosz realiza un fiel retrato de la sociedad en el periodo de entre-guerras y deja muy clara su opinión acerca de ésta, como en la obra ''A oskar Panizza'':
Y ahora si, a media tarde, partimos de Tarragona, aún nos quedaba una parada para estirar las piernas a medio camino, y unas cuantas horas intentando, por el bien del conductor, no dormirnos en el coche; pero haciendo balance de todo lo que vimos, y disfrutamos, nos valió mucho la pena.El próximo año, ¡más y mejor!

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